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De la campaña a la realidad

Para nadie es un secreto que AMLO se apropió del lenguaje católico para hacer esta última campaña que lo llevó a la presidencia. Desde el acrónimo «Morena» (de Movimiento de Regeneración Nacional), fuertemente ligado a la Virgen de Guadalupe, hasta la frase «en mi gobierno, primero los pobres», pronunciada la noche del 1 de julio en el Zócalo, que remite al deseo del Papa Francisco: «¡Ah, cómo quisiera una iglesia pobre y para los pobres!».

En la revista inglesa Catholic Herald el padre Alexander Lucie-Smith, se pregunta en su artículo «¿Qué significa el nuevo presidente radical de México para la Iglesia?», cómo se las arreglará AMLO con el Papa, «dada la forma en que su conversación sobre los pobres y los marginados tiene, al menos en apariencia, mucho en común, y dado también el hecho de que las relaciones del Papa con los obispos mexicanos no siempre han sido fluidas». Continuar leyendo

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Desigualdad

desigualdadBrasil y México –los dos países con el mayor número de católicos del mundo—encabezan la lista de la desigualdad en el ingreso, y por tanto, la lista de los países más injustos del planeta.  De hecho, nuestra América Latina es la porción del mundo más desigual de todas.

En América Latina, solamente una quinta parte de la población posee la mitad de la riqueza de la región, mientras que el 20 por ciento de la población más pobre posee el cinco por ciento de la riqueza total de nuestros países.  Gravísimo; unos cuantos son dueños de todo; muchos millones no son dueños de nada. Continuar leyendo

«En los momentos críticos es cuando el Evangelio muestra su riqueza»

Fray José Raúl Vera López OP, obispo de Saltillo, vive siempre al filo de la navaja. Los marginados, los excluidos, los explotados son la misión de este dominico guanajuatense (Acámbaro, 21 de junio de 1945), ingeniero químico por la UNAM y teólogo por la Universidad de Santo Tomás en Roma.

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La brecha fatal

Apenas una sexta parte de la población mundial, algo así como mil millones de seres humanos, tiene acceso a Internet. El resto, los otros cinco mil millones, simplemente están fuera de la jugada. Y la distancia se ahonda, la brecha se abre, la desigualdad crece y, con ello, la tensión mundial. En nuestro país pasa lo mismo, quizás agudizado por las presiones internas de lucha contra el narcotráfico y violencia generalizada. Continuar leyendo