Masacre en las Vegas: Orar y cuidar a los que sufren

Estados Unidos se encuentra en estado de shock, 24 horas después del ataque de Las Vegas. El número de fallecidos se elevó a 59 y los heridos, varios de ellos de extrema gravedad, llegan a poco más de 515.

Los obispos del país del norte, comenzando por el cardenal y arzobispo de Galveston-Houston, Daniel N. Di Nardo, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) han pedido oraciones y “cuidar a los que sufren”.

En un comunicado de prensa, el cardenal Di Nardo dijo que los estadounidenses se habían despertado (por la mañana del lunes) enterándose “de otra noche llena de terror indescriptible”, por el ataque masivo más letal en la historia de Estados Unidos.

“Mi corazón y mis oraciones, así como las de mis hermanos obispos y de todos los miembros de la Iglesia, se dirigen a las víctimas de esta tragedia y a la ciudad de Las Vegas”, expresó Di Nardo, quien resaltó que “la oscuridad jamás vencerá a la luz”.

No obstante las investigaciones siguen en curso, los móviles por los que Stephen Craig Paddock, de 64 años, disparó ráfagas de ametralladora a 22,000 personas que participaban en un festival de música country al aire libre, siguen siendo desconocidas.

Nadie, ni entre sus vecinos en Orlando, Florida, ni entre los de la comunidad de Mesquite, a 80 millas al noroeste de Las Vegas, ni siquiera entre los miembros de su familia. parece reconocer en este asesino solitario al hombre cuyo vida de jugador de alto riesgo era ampliamente conocida en los casinos del país.

El obispo de Las Vegas, Joseph A. Pepe, convocó a la celebración de un servicio de oración interreligiosa que se llevó a cabo el lunes por la noche en la Catedral de los Ángeles de la Guarda, en donde invitó a todos a unirse para pedir el fin de la violencia cotidiana.

Los obispos católicos y otros líderes católicos de todo el país emitieron declaraciones expresando su tristeza ante los terribles acontecimientos en Las Vegas. El cardenal Blase J. Cupich de Chicago reafirmó el compromiso de la Iglesia católica y urgió a cambiar la cultura “que ha permitido que tales eventos se conviertan en un lugar común”.

Como gran cantidad de estadounidenses, el cardenal Cupich pidió “leyes de control de armas más fuertes y sensatas” y un mayor acceso de la población a los servicios de salud mental.

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