Si te dicen que leí…

Es muy complicado pensar en una nueva cultura democrática para México sin el acompañamiento de la lectura. Lejos del romanticismo retórico, leer nos hace ser nosotros mismos, ser de otro modo: ser más. Y cada que salen los levantamientos del Módulo de Lectura (MOLEC) sobre el comportamiento lector de los mexicanos mayores de 18 años —obviamente alfabetizadas— en ciudades con más de 100,000 habitantes, a uno se le cae el alma. O, más bien, uno se explica el por qué de los terriblemente malos gobiernos que padecemos.

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Sin juego, con pantalla

Los niños ya no juegan, ven una pantalla.  Hagamos un breve repaso de lo que las pantallas muestran.  Violencia: los contenidos de violencia son cinco veces más frecuentes en los programas para niños que en los programas para adultos.  Sexo adelantado: el promedio de horas de Internet es de 6 horas por mexicano al día.  Los niños comienzan a entrar a los 8 años de edad.  Y tienen disponibles, prácticamente sin restricciones, mil 500 millones de páginas pornográficas.

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Elogio de la lectura

Leer y leer bien nos hace dueños de nosotros mismos.  Lejos de creer que nos puede pasar lo de don Quijote, que según Cervantes enfermó del mucho leer y del poco dormir, lo que puede llegar a fomentarnos la lectura es el buen lenguaje.  La capacidad de decir lo que pasa nos dice lo que somos.  Y de construir los grandes principios, las virtudes que nos colocan en seguida en la línea de la ciudadanía.  ¿Leer lo que me da la gana?  Sería tanto como decir que una buena alimentación consiste en comer solamente pasteles. 

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Libros y vacaciones

leyendo-libroPara mí no hay vacaciones si no están asociadas a uno o varios libros. Puede faltar el mar, la montaña, la ciudad colonial o la casa en el campo. Lo que no puede faltar es una buena lectura: escogida, mimada, aguantada hasta el período de sosiego. Y eso me ha ganado horas maravillosas de solaz, incluso sin salir de la casa.

El obispo de San Sebastián (España), don José Ignacio Munilla ha instituido una lista de 34 libros para el verano.  

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El viento de la luna

Hace tres años, al cumplirse 40 de la llegada del hombre a la luna (20 de julio de 1969), leí el libro de Antonio Muñoz Molina El viento de la luna. Neil Armstrong era el comandante de aquella misión Apolo XI, junto con Buzz Aldrin y Michael Collins. Fue el primer hombre que puso su pie en el satélite terrestre. Tenía 38 años. El sábado 25 de agosto murió.

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Alguien llamado John Locke

¿Existe la literatura digital? ¿Va a matar a las editoriales en papel? ¿Se trata de una moda efímera? Un señor llamado John Locke —homónimo del filósofo inglés del siglo XVII y del personaje de la serie Lost— que vive en Louisville, Kentucky, ha vendido un millón 720 copias de sus catorce libros electrónicos; libros que escribe de un tirón, en menos de dos semanas.

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La FIL de Guadalajara

Acabó una edición más de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Con los escándalos de las declaraciones de Vallejo y las indicaciones de Vargas Llosa sobre el peligro del narcotráfico en todo el continente, con las grandes colas para obtener un autógrafo y las casetas de algunas editoriales abarrotadas de público ¿lector?

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Borders

La quiebra de una de las grandes cadenas de librerías en Estados Unidos no deja de ser una llamada de atención sobre el presente difícil y el futuro muy complejo al que se enfrenta el libro. La cadena Borders ha liquidado todo. En estos momentos, los últimos de su existencia, se pueden comprar lotes enteros de libros al ochenta por ciento de descuento.

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Leer en la frontera

¿Alguna vez ha tenido que cruzar la frontera de México con Estados Unidos por vía terrestre en temporada alta? Si lo ha hecho, estará de acuerdo conmigo que es lo más parecido a sentirse en la antesala del infierno. Con temperaturas de cuarenta grados en verano o de cero grados en invierno, uno se ve obligado —así vaya al otro lado por dos días— a hacer colas de hasta cuatro horas. Para que le reciban la visa electrónica dos empleados de mal humor, que lo último que les interesa es si nos apellidamos López, Pérez o Bin Laden.

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Vicente-Nario

Hace tiempo que los espectaculares de la Librería Gandhi, en las ciudades del país donde se ha extendido, ganan la atención de los conductores y acompañantes por su ingenio, calidad y, a veces, humor del bueno. Asuntos como “Si no lees, no existo” o “Los libros, güey, aumentan güey, tu lenguaje, güey”, han sido éxitos sonados de publicidad. No sé si las ventas de la librería han aumentado o no. Lo que sí me doy cuenta es que se pueden hacer campañas de promoción de la lectura sin tener que recurrir al tono lacrimógeno o a la amenaza tipo “si no lees eres un tipo malo” (cosa que no se dice, pero que se desprende de muchos textos al respecto del fomento a la lectura).

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