Este 1 de septiembre el Papa Francisco ha convocado –por vez primera– a una Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Se une a la Iglesia Ortodoxa, quien ya lo celebra desde hace mucho tiempo. Además de ser testimonio de cercanía entre las iglesias, el Papa ha visto este momento histórico (aprovechando “Laudato si”) para volver a invitarnos a la “conversión ecológica” que la Encíclica anuncia.
Proteger la obra de Dios no es un asunto menor en la vida de los cristianos. Es parte de las razones que tiene que dar nuestra fe. Es parte de la esperanza a la que estamos convocados. Francisco invita a “que esta celebración anual sea un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes”. En otras palabras, la “conversión ecológica” significa algo más que abrazar árboles: es abrazar la austeridad en todas sus formas. Y la coherencia duradera de la responsabilidad.
En La Hoguera de encinas, André Malraux, conversa con el general Charles De Gaulle en su retiro de Colombey en diciembre de 1969. Hablan de muchos temas, principalmente de Francia. También del poder, del recuerdo, del carácter, del desprecio. En un momento, el general De Gaulle exclama: “Ya ve usted, hay algo que no puede durar: la irresponsabilidad de la inteligencia… La inteligencia podría ocuparse del alma, así como durante tanto tiempo se ha ocupado del cosmos, de la vida, de sí misma, qué se yo…”.
Admirable: un hombre de Estado termina su vida reconociendo ante un escritor no creyente (pero sensible) lo mismo que pide el Papa: que nuestra inteligencia se avoque al cuidado de la vida desde el cuidado del alma. No basta ser bueno: hay que ser responsable. De todo y de todos.
Publicado en El Observador de la Actualidad