¿Por qué El Observador?

observadorEstimados lectores: antes que nada, muchas gracias por un año más de cercanía, fidelidad, apoyo y consejos a quienes componemos la gran familia del periódico El Observador. Dios ha sido muy bueno con nosotros: estamos ya en el año 19 de una publicación que nació para darle mayor gloria a Él.  La única tarea que nos ha asignado la hemos ido cumpliendo según nuestra capacidad; según nuestros talentos.  Eso sí, también, según el esfuerzo que queremos aplaudir en todos y cada uno de nuestros colaboradores.  El Señor les pague su enorme trabajo cotidiano.

Este 2013 dimos el salto a la red global.  Ha nacido El Observador Digital, llegado a los cien mil seguidores en Facebook, en Twitter (todos estos sitios, junto con el blog de Jaime Septién y la página de periodismo católico se pueden encontrar ya en observacatholic.com), y hemos consolidado la asociación estratégica con Aleteia (www.aleteia.org/es), con CELAM y con muchas otras organizaciones tanto de periodismo católico como de caridad cristiana (Bancos de Alimentos de México, Bancos de Ropa y Enseres Domésticos, entre otras). No es –bajo ningún concepto– presunción.  Es el modelo de acción (frenética, alegre, interesantísima) al que nos llama todos los días ese huracán llamado Francisco.

En 2014, si Dios nos presta vida y licencia, vamos a seguir propiciando la aventura de sembrar espiritualidad cristiana en nuestra cultura, y cultura en nuestra espiritualidad cristiana.  En los ámbitos que podamos: revistas, libros, internet, redes sociales, alianzas estratégicas, instituciones de caridad y de ayuda a los más necesitados, y sobre todo desde nuestra criatura fundacional que es El Observador.

Pero todo esto no se puede imaginar sin un tú.  Tú eres nuestro tú en esta tarea.  Tú, amable o curioso lector, patrocinador, bienhechor, distribuidor, vocero, amigo, crítico o adherido, eres el alma de esta organización y de este empeño.  Sin ti nada podemos.  La nueva evangelización exige la comunidad, salir de sí, encontrarnos unos con otros.  Pero encontrarnos como personas, no como objetos (que es lo que “necesita” un medio de comunicación comercial).  Esta es la civilización espiritual que necesitamos construir en la hora actual de México.  Y del mundo.

Y hablando de tú a tú, necesitamos que nos apoyes.  ¿Con qué?  Con tu lectura, con tu suscripción, con la invitación a tus amigos, con tu publicidad, con tus comentarios (positivos o negativos), con tus “likes”, con tus posteos, con tus “tags”, con tus ojos puesto en nuestras líneas.  En el mar proceloso del nuevo año fiscal –futo de la inteligencia de nuestra autoridades—vamos a afrontar la tarea junto contigo.  No es un SOS, pero es algo bien significativo: si hay futuro es el futuro del nosotros.

¿Por qué El Observador?  Porque es nuestra obligación.  Y porque es tu oportunidad de tomarle la palabra al Papa y salir a las periferias existenciales, crear comunidad, ser creativos, fundar valor y honrar a la Patria.