«Imposible entender el mundo de hoy si usted no entiende la religión», escribió Jean Meyer en un texto que forma parte del libro Presente y perspectivas (Fondo de Cultura Económica, 2010). Imposible. Pero hay políticos y partidos que nos quieren hacer creer que es posible entender y gobernar a México haciendo a un lado la religión. Ocho de cada diez mexicanos somos católicos. Es un dato que les tiene muy sin cuidado a algunos aspirantes a puestos de elección popular. Continúan sumidos en la esperanza «secularizadora» que sostiene que la religión es un asunto privado.
Meyer afirmó: «Los secularizadores, los laicistas se equivocaron al pensar que la religión podía (y debía) limitarse al fuero interno del individuo y entre los cuatro muros del templo. No entendieron, no entienden que la religión penetra la cultura (cultura en su sentido más amplio) y por lo mismo, impacta en todos los aspectos de la vida en sociedad».
Un tema fundamental de esta esperanza «secularizadora» es el aborto. Los precandidatos a la presidencia de la República, López Obrador y Peña Nieto, lo han eludido limpiamente. Los dos han manejado el mismo lenguaje: ya se verá; lo que diga la gente, que se vote, que se espere todo el mundo a que yo llegue, etcétera. Mientras tanto, los panistas siguen en duelos personales. Y les importa más ganar la interna que la constitucional: el aborto no es prioritario…
Los «duros» tanto como los «blandos» de todas las formaciones políticas se hacen a un lado. Intentan desviar la discusión aludiendo que se trata de un «tema religioso», que ha de discutirse en la sacristía. Una vez más se equivocan: el «no» al aborto está ahí. Es parte de la cultura religiosa de los mexicanos. Qué bueno que así lo sea. Nos pide respetar la vida. Ese respeto será clave en las próximas elecciones de julio. El electorado debe tomar nota. Y votar en consecuencia: no por su simpatía, carisma, look, sexo o discurso, sino por la defensa de la vida del candidato. Si no defiende la vida del indefenso, ¿cómo va a defender la del que se puede valer por sí mismo? Es una regla de tres que no falla.
Estimado Sr. Septién,
La secularización, como la define Charles Taylor en su galardonada obra “A Secular Age,” no va ligada al aborto ni a la pulverización individualista de la moralidad, sino a el reposicionamiento de Dios dentro del planteo de la realización personal plena. El fenómeno de secularización que ha ido creciendo en la sociedad post-moderna no surge ni se basa en un grupo de pensadores inconformes con las instituciones religiosas, o que pretendan desfogar una agenda de libertinaje moral. Si la norma última de moralidad es la recta conciencia, y si consideramos al hombre actual con capacidad para la auto-formación de tal conciencia, no será ya hora de reconocer que la residencia de la religiosidad y espiritualidad está en el interior de la persona? Nuestros antepasados buscaron a Dios en los fenómenos externos que no comprendían, el fuego, el sol, el rayo, y organizaron la institución religiosa como mediadora; el hombre moderno no tiene otro lugar para un primer encuentro vertical, genuino con Dios que su interior. Las manifestaciones religiosas en la cultura son simplemente costumbres desligadas ya desde hace tiempo de su sentido espiritual; por eso el hombre acutal, y la juventud en particular, las ve cada vez con más enfado.
Una campaña política tiene un solo objetivo: ganar. Si apela a la religión será como arma de guerra para endulzar el oído del electorado; pero es una espada de dos filos que causa más errores que aciertos. Como en México el aborto es un asunto que la población ubica en el ámbito religioso más que en el de la justicia, esgrimirlo en la contienda electoral conlleva abrir la caja de pandora. Nomás que eso y la secularización son dos cosas totalmente distintas.
Saludos
Tauro