La oración para la visita del Papa propuesta por los obispos de México es la siguiente:
Madre de Dios y Madre nuestra: Santa María de Guadalupe:
Estamos alegres y agradecidos
porque viene a visitarnos
el Papa Francisco, Vicario de tu Hijo.Viene a poner en tus manos
el Año jubilar de la Misericordia,
y a comunicarnos un mensaje
de esperanza y de concordia.Ruega por él y por nosotros,
para que nos sepamos abrir
a lo que por su medio
Dios nos quiera transmitir.Y que al partir nos lleve en su corazón,
y deje sembrados en el nuestro
frutos abundantes de conversión.
Amén.
La oración tiene doble intención: pedir por el Papa y por nuestra conversión del corazón. De nada servirá el tumulto, la algarabía, el reclamo de un “selfie” con Francisco, si no cambiamos nosotros. ¿Para qué darle más vueltas? ¿Para qué escribir “sesudos comentarios” sobre la visita próxima? Su mensaje es perfectamente claro: se trata de salir a tocar las llagas de Cristo en el más pobre. Y de perdonar. De reconciliarnos. Dejar atrás la crítica que todo lo consume sin crearlo; el abandono de los viejos, de los jóvenes… Cambiar la cultura del descarte por la solidaridad. La indiferencia por el abrazo. Pecadores, pero no corruptos. E ir con alegría y humildad a pedir perdón por nuestros pecados. Porque –como diría Chesterton (y lo aconseja Francisco)—la única forma que el hombre tiene para crecer es poniéndose de rodillas.