Indignación oración y acción

corazondedolorHay muy pocos mexicanos –por no decir ninguno, que siempre existe la posibilidad de la mosca en la leche—que no estén indignados por el tema Ayotzinapa: ¿cómo se puede “desaparecer” a 43 jóvenes normalistas sin que haya rastros, indicios, cuerpos o recados de ellos? La detención del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca y su señora –dicen—será crucial para dar con los muchachos. Entre tanto, Guerrero se ha convertido en una fosa clandestina. Y luego viene Veracruz, por no decir Tamaulipas, Coahuila, Michoacán, Estado de México…

¿Qué país es éste? ¿Por qué hemos llegado hasta parecernos a uno de África en guerra civil (pero sin la bondad proverbial del pueblo africano, masacrado por los intereses comerciales de Occidente)? La ira puede derramar en más violencia. ¿Y los católicos? ¿Qué, no somos mayoría? Pues sí, pero conformamos una tupida mayoría silenciosa. Podemos hacer mil cosas, pero no queremos hacer ni una. No vaya a ser que… Pues sí, no vaya a ser que tengamos que salir de la zona de confort.

Déjenme platicarles que en El Observador proponemos una campaña muy sencilla: indignación, muy justa frente a un país agusanado por el contubernio letal del crimen y los políticos en el poder; oración, necesaria para suplicar la paz, don de Dios y voluntad de las mujeres y los hombres de bien (que, supongo, somos más que los malosos); acción específica en nuestro lugar de vida, estudio, trabajo o encuentro.

Voy a decirlo en una frase: fe con obras.   ¿Qué obras? Por favor, no busquemos cambiar al mundo; busquemos cambiar nosotros. La primera obra es la cortesía. No cuesta nada y construye todo. La segunda es la solidaridad con los de al lado. La tercera es el respeto a la vida.

Publicado en El Observador de la Actualidad

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