Guarderías

El terrible suceso de Hermosillo —la muerte, por negligencia, de cerca de cincuenta niños abrasados por las llamas en la Guardería ABC— ha traído consigo una investigación a fondo, hecha por los medios de comunicación, sobre quiénes son los dueños de las guarderías subrogadas por el IMSS. 

Por lo menos en Sonora, cuya capital es Hermosillo, la investigación arroja el que buen número de estas guarderías pertenecen a parientes o personas muy cercanas al gobernador.  No sé si el esquema se repita en otras entidades del país.  Lo cierto es que estamos ante un caso más (¿cuándo se va a acabar esto?) de corrupción por tráfico de influencias.  Cada guardería subrogada por el IMSS recibe 2 mil 100 pesos por niño.  En la ABC, como en muchas otras, hay (había) cerca de150 pequeñitos; 150 vidas preciosas, al garete. 

Cada mes el IMSS les da poco más de 300 mil pesos por cuidarlos.  Como hemos visto en las imágenes y en las pesquisas sobre la guardería ABC, el «cuidado» no solamente era precario: la guardería era una verdadera tomadura de pelo.  Incumplía un montón de normas de seguridad elementales; era un galerón espantoso, una nave industrial adaptada al «ahí se va», en la que las familias sonorenses de trabajadores dejaban a sus pequeños durante el día.  A ojo de buen cubero, el gasto corriente de la ABC andaría por la tercera parte de lo que recibía por concepto de renta del IMSS.  Tan sólo en Sonora, la familia y cercanos del gobernador —según el periódico El Universal— se embolsa cuatro y medio millones de pesos al mes en este «negocito».  ¿Lo sabía el gobernador?

Más allá de las cuestiones legales o financieras, el asunto de las guarderías nos enseña el tamaño de la corrupción que hay en México; corrupción que tenemos que acabar ya y para siempre. El origen de todo está en la impunidad.  Subrogar guarderías no está mal; el problema es darlas como botín, a los amigos. Hay profesionales que bien podrían hacerse cargo de ellas. Pues no, señor, que los chiquitos se queden a la buena de Dios, dándole pingües ganancias a mis cuates.

A veces me da vergüenza decir que somos un país católico.