Hambre, África, nosotros

En pleno siglo de la información global, es difícil, casi imposible, que no sepamos lo que pasa en África.  Sin embargo, casi siempre nos encogemos de hombros: “África está muy lejos”.  Luego, procuremos consolarnos con este razonamiento: “Mejor ayudo aquí”.  Finalmente, ni allá ni aquí.

Es el Domingo de la Misericordia, instituido por San Juan Pablo II para recordarnos que Cristo sigue sufriendo persecución, exilio, hambre y sed. La Misericordia del Padre –esa que nos fue regalada y que nos hace tener esperanza—pide, exige convertirse en obras concretas. 

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Misericordia: un regalo para regalar

Tal vez digamos: “África está muy lejos”.  Luego, procuremos consolarnos con este razonamiento: “Mejor ayudo aquí”.  Finalmente, ni allá ni aquí.  Este Domingo de la Misericordia.  El Observador posibilita una oportunidad de aliviar la emergencia material y espiritual de un continente que grita ¡ayuda! en diversos idiomas.

La Misericordia de Dios es un regalo que todos recibimos gratis.  Y los cristianos –para hacer creíble nuestra fe—debemos devolverlo de forma objetiva: que se vea, que se sienta.  Más aún, que se vea y se sienta en aquellos que ni nos conocen ni nos podrían conocer jamás. 

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Aquí y en China

iglesiachinaEsta ocasión es la segunda en que El Observador circula el boletín de Ayuda a la Iglesia que Sufre. En la primera vez se tocó a Iraq. Hoy es el turno a los católicos perseguidos en China.

Hace 60 años, cuando Mao Zedong tomó el poder en China, la Iglesia católica quedó proscrita. Y se acordó sustituirla por una iglesia oficial, auspiciada por el régimen, bajo el nombre de “Asociación Patriótica Católica China”.

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