Cultura y futuro

Alguna vez leí —se me quedó grabado el dato— que el PIB de Broadway (el distrito cultural de Nueva York) era similar al PIB de una república centroamericana, me parece que El Salvador. La llamada “economía naranja” (por llamarla de algún modo, como se llama “la economía verde” a la ecológica) es decir, la que proviene de apreciar económicamente a la cultura, puede (y debe) salvar al mundo y, desde luego, a nuestro país.

Hace pocos días, en El Heraldo de México, apareció en portada un interesante informe sobre la “economía naranja” mexicana. Comparando cifras, resulta que en nuestro país el comercio cultural iguala al comercio automotriz. La industria de insumos y sucesos culturales significó, el año antepasado (2015), 2.9 por ciento del PIB nacional: 490,000 millones de pesos, casi lo mismo que aporta el sector automotriz: 3 por ciento del PIB.

Con una salvedad: la inversión y el retorno en el sector cultural se produce a partir de energías limpias. Y el crecimiento del sector en 2015 fue de 4.1 por ciento, muy por encima de la media nacional. De la conformación del PIB cultural destaca que 6.7 por ciento corresponde a las artes escénicas, los espectáculos musicales (conciertos, recitales) y 6.6 por ciento proviene de la producción y venta de libros y prensa.

Todo esto contradice a los gurú de la economía, enquistados tanto en los aparatos del poder como en las empresas y las organizaciones comerciales, que solamente ven el término inversión en lo que ellos llaman “cosas tangibles”. La cultura ha quedado relegada a la sección de sociales y parece que no produce nada más que alguna que otra escapada sabatina.

Pensando en los jóvenes, en las nuevas generaciones que se incorporan a una sociedad cada vez mas robotizada, la propuesta educativa del presente debería enfocarse más —mucho más— hacia este rubro. Más atención a la música, al teatro, a la literatura, a la danza, a la creatividad, y menos, mucho menos, a la mano de obra (barata) con la que satisfacer el apetito del capital. México tiene ahí un tesoro oculto. Su historia riquísima y su proverbial creatividad serán la herramienta del desarrollo. Si no comunicamos esta idea, seguirá siendo un país de maquila.

Publicado en la revista Siempre!

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