A 85 años de la Cristiada

Este 2011 se cumplen 85 años del inicio de las hostilidades entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la población de fieles mexicanos, en especial campesinos, que conocemos como la Guerra Cristera o la Cristiada. El 31 de julio de 1926, la Iglesia católica cerró los templos, como represalia ante la “ley Calles”, que convertía a los sacerdotes en delincuentes y a los católicos en una especie de lepra que había que extirpar a toda costa del suelo nacional.

Quizá como remembranza de una guerra que dejó más de doscientas mil bajas entre pueblo y ejército, este año salen a la luz sendos filmes sobre la Cristiada. Uno dirigido por Dean Wright, con un elenco multiestelar (Andy García, Eva Longoria) y el segundo que se llamará Los últimos cristeros y que está dirigido por el hijo de Jean Meyer, Matías.

Mientras que la superproducción intenta dar una visión de conjunto del cruento combate que duró, de manera oficial, de 1926 a 1929, cuando “los arreglos” entre Iglesia y Estado dejaron un “modo de convivencia” que resultó mortal para miles de cristeros supuestamente amnistiados; la de Matías Meyer se mete en la piel de los que sobrevivieron a la guerra y buscaron los montes, los cerros, los lugares despoblados para poder evadirse de los rurales y de los federales. Meyer tuvo la asistencia de su padre en el guión, que está basado en Rescoldo, la novela de Antonio Estrada, considerada por Rulfo como una de las cinco mejores novelas mexicanas, y por José Luis Martínez como la mejor novela cristera de nuestra historia.

Justamente, Rescoldo revive acontecimientos de 1934-1935, lo que se conoce como “la segunda”. Y narra las peripecias de un grupo de cristeros que viven a salto de mata, perseguidos por el ejército y desconocidos por los que “traicionaron” el sentido de la lucha pactando con el gobierno. Solamente agarrados a la fe en Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Evidentemente, la mayor parte de los cristeros de “la segunda”, acabaron de forma trágica, como el padre de Antonio Estrada.

Jean Meyer nos ha hecho fijar en la memoria esta epopeya popular. Por eso la Cristiada. Ahora es su hijo el que busca el recuerdo de los últimos sobrevivientes de esta guerra. Y, por el otro lado, la película de Wright, con reparto de Hollywood, lanzará a los cines de todo el mundo la señal de que hubo una vez (diría el maestro Luis González) un pueblo que vio a su padre borracho golpear a su madre, y se enojó. Un pueblo que se levantó en armas no para imponer otro orden, sino para volver a la fe de sus abuelos.

Publicado en Revista Siempre!

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