Dos jaculatorias

A la memoria de Don Francisco Urquiza Septién y Doña Velina López de Cabrera

En el monumento a Cristo Rey, del Cerro del Cubilete, lo mismo que en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de la Congregación en Querétaro, están estampadas, en letras de oro, las dos jaculatorias que Su Santidad Pío XII le aprobó a don Manuel Urquiza y Figueroa: Sagrado Corazón de Jesús, perdónanos y sé Nuestro Rey, y Santa María de Guadalupe, Reina de México, ruega por tu nación.

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Muy inteligentes

El otro día leí la opinión de un señor que, diciéndose ateo, nos reclamaba a los católicos por la falta de inteligencia para cuestionar «dogmas pasados de moda», como el celibato sacerdotal o la prohibición del divorcio.  En la época en que todo se cuestiona, nosotros permanecemos sumisos: si todo el mundo lo hace y la Iglesia lo prohíbe, lo que está de más es la Iglesia, decía este señor.

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Demoler lo sagrado

Ataques a la IglesiaLa radiografía de los ataques brutales a la Iglesia, por los casos de pedofilia de algunos religiosos, sobre todo en Alemania (infames, sí, pero inflados de una manera exorbitante por los medios de comunicación), da como resultado, en la opinión de gran cantidad de católicos, el esqueleto de un enfermo terminal.

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Cicerón y los efectos de la violencia televisada

Violencia en la televisiónEn el año 80 antes de Cristo, el célebre orador romano Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C), predijo, con una genial puntería, los efectos de la exagerada transmisión de violencia por la televisión:
“Si en todo momento —escribió— tenemos que ver y oír sucesos crueles, a la larga perdemos, incluso los más sensibles por naturaleza, todo sentido de humanidad por la serie ininterrumpida de impresiones de atrocidades”.

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Cómo no te voy a querer

Cristo Redentor Iglesia CatólicaCómo no te voy a querer, Iglesia mía, una y santa, una y católica, una y apostólica, si tú me has dado sentido y pertenencia; si tú me has llenado el corazón de ganas de perdonar; si tú conmemoras, a diario, en cada rincón de mi Patria, el sacrificio puro y santo de Jesús por el perdón de mis pecados.

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