Tomar la calle y tomar las redes

protestasLas protestas callejeras, el cierre de carreteras y los disturbios en plazas y ciudades principales, parecen ser el nuevo lenguaje de protesta que se ha enseñoreado en América Latina. Junto con ello, un trabajo activo en redes sociales, multiplicando por un lado los encuentros y propalando, por el otro, las consignas y las alertas para movilizar voluntades.

Venezuela con sus huelguistas de hambre por el tema de la calidad de la educación universitaria; México, por las reformas en materia educativa y energética emprendidas por el gobierno; Colombia, en paro agrario nacional por la ausencia de subsidio al campo y una política gubernamental de importaciones; Chile con el problema de los mapuches; Brasil por las secuelas de las protestas multitudinarias por los costos del Mundial de Futbol y la baja calidad de la educación, y Argentina, por el relevamiento de los territorios que ocupan los aborígenes y las comunidades originarias, entre otras muchas movilizaciones más, hacen del continente una ola de agitación que, en algunos casos, ha desbordado a los gobiernos y ha generado un estupor nuevo.

Aunado al trabajo en redes sociales se nos muestra, a las claras, que hay ya una ciudadanía dispuesta a intervenir; una sociedad que ya no se conforma con mirar la tele y aguardar el boletín de prensa que, como en 1968 en México, generalmente era “sin novedad”. Las mediaciones oficiales u oficiosas han quedado atrás. La nueva estrategia —con sus pros y sus contras— es tomar un punto estratégico de la capital o de alguna ciudad importante de provincia, y desde ahí lanzar en las redes sociales una cantidad ingente de mensaje que harían creer a los usuarios que el movimiento es significativo.

Se trata, pues, de un tiempo nuevo. De acuerdo con los observadores latinoamericanos, se trata de un despertar de la sociedad civil para influir, al menos tangencialmente, en las políticas públicas. La larga tradición de gobiernos militares y dictatoriales de América Latina había producido una sociedad poco motivada a salir a la calle y protestar. Aunque ahora las protestas se han convertido en un foco de violencia, mañana podrán ser mucho más efectivas en las redes sociales y en referéndums ciudadanos que en bloqueos, pedradas, bombas molotov y rotura de cristales. Será una de las consecuencias de este país emergente y multitudinario que se llama Facebook.

Publicado en Revista Siempre!

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