El viejo refrán sigue siendo válido: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Es decir, hazlas blandas para que el cuchillo no te raspe… Puede ser una estrategia de elusión. Pero también puede significar un cambio.
Guatemala realizó, el pasado domingo 25 de octubre, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Jimmy Morales es el ganador. Representante del Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), Morales se impuso con un amplio margen sobre Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza.
Con una carrera de dibujante de cómics y un diploma en contabilidad, Morales, de 46 años, también ha realizado estudios de teología. Es cómico, actor y evangelista. Anda para todos lados con la camisa de la selección de Guatemala y su grande aportación es haber estado en el momento justo en que Guatemala se derrumbaba por un huracán más fuerte de “Patricia”: el de la corrupción político-empresarial.
Junto con su contendiente, la empresaria y ex primera dama Sandra Torres, Morales se ha comprometido a luchar contra la corrupción que azota al país. Un mal que la población ha denunciado públicamente en los últimos meses, sobre todo después de la renuncia del ex presidente Otto Pérez Molina, aún bajo investigación. En este sentido, el comportamiento del pueblo guatemalteco ha sido ejemplar. Y las redes sociales, tanto como los canales alternos de comunicación funcionaron para tirar, por la vía pacífica, un gobierno extraordinariamente corrupto y corruptor.
Nuestros vecinos del sur han dado lecciones que no debemos olvidar. Morales no es un talento ni un estadista. Es un señor simpático que nunca se preparó para este cargo. Los guatemaltecos están hartos de blasones académicos que acaban siendo más rateros que los sin instrucción. Y eso es lo que pasó.
Publicado en Revista Siempre!