Pactos

Hoy se ha puesto en cuestión —frente a la tragedia de violencia que vive México— el tema de los pactos. Todo el mundo quiere pactar. La frase “unidad nacional” es la primera que tienen en sus labios los informadores y los conductores de noticiarios. No es mala idea. Pero, el problema, es que durante muchos años, los mexicanos hemos viajado en sentido opuesto a cualquier tipo de acuerdo. El último fue la Constitución. Y tuvo que poner punto final (y no lo logró) a la novena guerra más cruenta en la historia de la humanidad: la Revolución Mexicana.

Los acuerdos no se logran ni los pactos dejan de ser pura buena voluntad, si las partes no ceden. Y si el principal involucrado, en este caso el Poder Judicial, no realiza, además de un mea culpa, una depuración a fondo de sus estructuras, de sus procedimientos, de sus funcionarios. La impunidad de la que gozan nueve de cada diez criminales que hay en el país, es la mejor invitación a zaherir a los demás en busca de dinero, sea éste obtenido a través de robo, de narcotráfico, de secuestro o de extorsión.

Pero la sociedad tampoco está exenta de entrarle a los pactos. Al contrario, ella es la garante de que un acuerdo de unidad nacional despegue por encima de la letra, que se convierta en acciones concretas que construyan la paz. Y, mucho menos, los medios de comunicación. Si de verdad quieren jugar el juego que les corresponde en el seno de una sociedad democrática; si de veras quieren aportar algo más que crítica banal y palabrería hueca, han de dejar a un lado su política eminentemente comercial (resumida en la frase “si sangra, vende”) y enfocar sus baterías en descubrir las causas del derrumbe moral que se vive en nuestro país.

Dicho de otra forma, tienen que elevar a rango de información importante aquello que desdeñan porque “no vende”. Por ejemplo, las acciones de miles de mexicanos que se la juegan por los demás en organizaciones de la sociedad civil y que jamás ocupan ya no digamos la primera, ni siquiera la penúltima plana de la sección principal de los periódicos o son relegadas a “cultura” o a “sociales” en los noticiarios.

Hay que decirlo de una vez: el problema central de los pactos o acuerdos en México es el recelo. Nadie se fía del vecino. Nadie quiere ceder un ápice. Si comenzamos a difundir que las cosas pueden ser diferentes y que también hay noticias alentadoras en el territorio nacional, gente buena que es la mayoría, a lo mejor comenzamos a tener menos temor del otro. Es una tarea pendiente y que el “Casino Royale” de Monterrey nos vino a situar como impostergable.

Publicado en Revista Siempre!

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