Comenzar otra vez

puerta-santaEl Año Santo de la Misericordia nos ofrece la posibilidad de sanar las heridas que vienen, muchas veces, de aquellos a los cuales queremos y nos quieren. Qué alegría más grande. Qué motivación más gozosa: sabernos libres de un recuerdo que tortura el alma. “Perdonar no significa olvidar”, decía Henry Nowen. Perdonar significa “sanar verdaderamente el recuerdo”.

Las guerras, las batallas, los enojos, los desastres en las relaciones familiares y sociales tienen, generalmente, un punto en común: caer en la provocación de la magnitud de la “falta” cometida en contra mía. Va uno por la calle. Escucha conversaciones. Casi todas son la maldad de un ausente. “El me hizo; ella me tornó…”. Arrastramos una existencia de enojos gratuitos y de punzadas inútiles.

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Perdón

Todos los sabios que en el mundo han sido, guiados por la luz del Espíritu Santo (hablo de los sabios de verdad, no de los eruditos), coinciden en señalar que el perdón ofrecido y recibido con alegría nos sana, nos reintegra a la vida, nos da alas, nos hace ser lo que somos, ser de otro modo, ser más.

Navidad es el tiempo propicio para pedir perdón y para recibirlo de Dios.

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