Vencer al fundamentalismo viendo más al otro

Francisco Prieto es maestro, formador de periodistas, novelista, ensayista, dramaturgo, cronista y pensador católico de altos vuelos.  Cercano a una gran generación de periodistas y periódicos o revistas católicas, comparte reflexiones importantes en esta entrevista exclusiva de El Observador.

–¿Qué te viene a la memoria como hecho importante de periodismo católico en la segunda mitad del siglo XX en México?

Creo que durante muchos años la revista SEÑAL+, dirigida por José N. Chávez González, y hecha por discípulos de don Carlos Septién García, jugó un papel importante entre los católicos de toda la República.

–¿Cómo se daba a conocer SEÑAL+?

La revista se distribuía en las parroquias y en los puestos de periódicos. Los que la hacían, exceptuado el director, tenían otras ocupaciones pero, generosamente, daban mucho tiempo para la confección del semanario. La revista abordaba la vida política, analizaba los hechos más relevantes en la Iglesia, tanto a nivel nacional como internacional; la cultura y los espectáculos.

–¿Recuerdas algunas plumas?

Con el pseudónimo de Nicolás de Oresmes, José Angel Conchello escribía sobre economía. Durante por lo menos cinco años, Vicente Leñero fue el reportero estrella junto con Manuel Pérez Miranda que se ocupaba de la edición. La hicieron ellos y Domingo Álvarez Escobar, Ernesto Ortiz Paniagua, Horacio Guajardo, Ramón Zorrilla y Alejandro Avilés.

–¿Algunas otras experiencias?

Con el mismo esquema de  SEÑAL+ pero con un formato muy dinámico y un notable despliegue fotográfico que competía con LIFE, existió la revista Gente con un gran éxito editorial a partir de fines de los sesenta. A diferencia de SEÑAL+, disimulaban su indudable fondo católico.   También hay que destacar, en el periodismo cultural, la revista Comunidad, de la Ibero, cuando la dirigió el fundador, el padre Pardinas. Y con un público básicamente empresarial y centrada en la doctrina social de la Iglesia, hay que destacar La cuestión social, de IMDOSOC, debida a la inspiración de don Lorenzo Servitje y que ha mantenido viva la flama cristiana en muchos sectores del empresariado mexicano y latinoamericano. Es una revista de raíz sociológica y económica.

–¿Qué tendría que hacer, con mayor frecuencia, el periodismo católico en México?

Pensar más en el otro, entrar en la racionalidad del otro y de los otros, no juzgar, no condenar sin más y tratar seriamente lo que está expresado con seriedad aunque se difiera de ellos.

–¿Algún periodista en concreto que debería ser evaluado con mayor profundidad?

Yo creo que es necesario estudiar la trayectoria periodística de Carlos Septién García que atrajo a creyentes y no creyentes tanto en su faceta de periodista político como en la de cronista taurino. En La Nación, órgano de Acción Nacional que él fundó y dirigió antes de que lo sucediera Alejandro Avilés, dio un ejemplo, como luego lo haría el sucesor, de un periodismo católico ejemplar.

–¿Es posible hacer que la fe se vuelva cultura?

Hay un gran problema que resolver: cada vez más católicos se sienten solos y desesperan ante tanto relativismo moral e ideológico dentro de la misma Iglesia institucional. La salida es difícil porque habría que vencer otro mal, el fundamentalismo e integrismo, que son posturas excluyentes.

 

Publicado en El Observador de la actualidad

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