¿Quién soy yo en la Pasión?

Durante todo el relato de la Pasión se presenta una galería de personajes que componen un gran fresco de la miseria humana.  El colosal sacrificio de Jesús se topa con Ben-Tovit (personaje del cuento de Leónidas Andreyev): un comerciante de Jerusalén que mira el Viacrucis desde la azotea de su casa, abrumado por un dolor de muelas pasajero.

En aquellos días tremendos en que flagelamos, escupimos, crucificamos a Dios hecho hombre y hoy mismo, cuando le volvemos la espalda porque “el padrecito dijo un sermón aburrido”, nuestra soberbia sigue sin encontrar límites.  Seguimos siendo los mismos traidores, los mismos miedosos, los mismos infieles…   Somos lo que somos.  Es decir, frente a Cristo, muy poca cosa…

He aquí una pregunta esencial para nuestra conversión: ¿qué personaje dentro de la Pasión soy yo?  Honestamente: ¿quién de todos los que aparecen en el Evangelio me representa?  Leyendo el capítulo “Sudor y sangre” en Historia de Cristo de Giovanni Papini, caigo en la cuenta que soy uno de los tres apóstoles que lo acompañaron la noche de Getsemaní.  Jesús ruega que velen con él.  Pero se duermen.  Dice Papini: “A cambio de su sangre y de su vida, de todas sus promesas y de todo su amor, una sola cosa les pide aquella noche: que resistan el sueño.  Pero ni eso poco ha obtenido”.

De mí, ¿qué obtiene?  Un desganado “ya voy”; un bostezo disimulado, la desgana del satisfecho: “a ver si mañana…”.

Publicado en El Observador de la actualidad No. 1135

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