Una visión de futuro

jean-marie-gustave-le-clezioEmpecinados en debatir quién habló bien o mal de la muerte (y de la vida) de Juan Gabriel o si Trump no debió haber sido invitado por Peña Nieto, pasamos de largo, la semana anterior, la visita a nuestro país —concretamente a Querétaro— del Premio Nobel de Literatura Jean-Marie Gustave Le Clèzio.

Invitado para participar en el Hay Festival, Le Clèzio habló para el periódico El Universal sobre muchas cosas que los mexicanos no queremos escuchar, menos aún los encargados de la política, de la academia, de la educación o de los medios de comunicación. Tres asuntos destaco: los problemas de México solamente los van a resolver los mexicanos; la base de esta solución está en la familia y en la educación y cada uno debe formar parte de la construcción del bien común.

El tema está en la educación y en el espíritu de colaboración con los otros que funda una sociedad civilizada. Con los maestros de uñas y algunos ahorcando regiones completas, es difícil pensar, ahora mismo, en la educación formal como panacea del desarrollo mexicano. Pero es ahí donde se siembra la semilla que puede germinar mañana. Con las posturas radicales de izquierdas y derechas (si es que alguien puede distinguir las diferencias) sobre el matrimonio igualitario, es difícil pensar en la familia como una plataforma de formación en valores. El primero: la solidaridad.

Pero a Le Clèzio —que no está involucrado en las discusiones locales— le queda muy claro el tema. Habló, por ejemplo, de la educación de sus hijas en Michoacán. Para él, un Premio Nobel, la educación que recibieron fue muy buena. ¿Por qué no copiar los esquemas de entonces? No estamos hablando del siglo XIX. Estamos hablando de los setenta del siglo pasado…

Otra cuestión que tocó es una frase proscrita por el priismo: el bien común. Le Clèzio, que fue hijo de migrantes (su padre nació en Isla Mauricio y su madre en Marruecos) el tema de temas es la multiculturalidad y la paz. Hizo una pequeña fundación en Isla Mauricio, para niños de primaria. Para que unos se encuentren con otros. Y que sepan que la pobreza no es una enfermedad. Que cada quien —superando exclusión y racismo— tiene su sitio en la construcción de un mundo mejor. Así sea en el metro cuadrado en el que, como diría Cristina Pacheco, ahí “le tocó vivir”.

Publicado en Siempre!

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