Estado de chueco

maestrosoaxacaLos conflictos magisteriales por la evaluación, han dejado un reguero de pólvora en las aulas de México. Lejos de aprender a ser civilizados, los niños, especialmente en Oaxaca, Guerrero, Michoacán… están aprendiendo a resolver las cosas por el patio trasero. Y en ese patio se acumulan los trebejos más insólitos de nuestra cultura; es el muladar de la violencia.

Según la organización Transparencia Internacional, en 2014 y a nivel general, México se ubicó en el lugar 103 de corrupción entre los 175 países evaluados, con una puntuación reprobada: 35 puntos de 100. Es, desde luego, el país más corrupto de la OCDE y uno de los que van a la cola de América Latina.

De reprobados a réprobos no solamente hay un pasado participio y un acento: hay una línea de continuidad que hace de la corrupción más que “una cultura”, como dijo una vez el presidente Peña Nieto, sea un abuso que se ha convertido —con toda la participación del gobierno y de la sociedad— en un uso social.

Dos de cada tres mexicanos dicen cumplir la ley no por amor a la ley sino por temor al castigo. Eso significa que el otro apenas si nos interesa. Porque el otro, su dignidad, sus derechos, su espacio, es el beneficiario de la ley (que fue hecha para mí). El “hágase la voluntad de Dios en las mulas de mi compadre” es tan pernicioso como el decir que “la ley está hecha para violarla”, que yo he oído muchas veces en labios de compatriotas, anarquistas de café.

No sé a usted, amable lector, pero a un servidor se le cae la cara de vergüenza cuando lee este tipo de informaciones. Pienso, de inmediato, que hemos traicionado nuestro pasado; que le hemos dado la vuelta a nuestra identidad profunda, Más allá de una civilización, hemos retrocedido a la barbarie. Del acuerdo ciudadano, del diálogo civilizado y civilizador, optamos por el conflicto, por la violencia, por la violación de la más elemental de todas las leyes, la del respeto irrestricto a la dignidad del otro.

El resultado es funesto. La evaluación y sus protestas son las metáforas más desgarradoras de un Estado de derecho que (Gabriel Zaid dixit) se volvió —con nuestra anuencia— un “Estado de chueco”. Y es el Estado que están aprendiendo a con-formar nuestros niños.

Publicado en Revista Siempre!

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