El año de la migración infantil, la injusticia y las redes sociales

migracion-infantilUn fenómeno, anteriormente callado, silenciado por el poder político, aliado insustituible del poder mediático en México, ha explotado a los ojos de las mayorías: el tema de la migración de niñas, niños y adolescentes a Estados Unidos.

Sin embargo, hay un nuevo protagonista contra el que ya no tienen poder:las redes sociales, especialmente Facebook, reveló las torpezas, las acciones incongruentes, las evidentes limitaciones de un poder descontextualizado, que busca reproducirse en las prácticas de antaño.

No hay justicia en “el país de las libertades”

El año fiscal que terminó en septiembre 30 de 2014, trajo como “novedad”, la detención, en la frontera norte, de 66 mil niñas, niños y adolescentes provenientes de Centroamérica y, mayoritariamente, de México. Los hondureños son los que han hecho mayor ruido al respecto, pero los mexicanos son los que más han usado las redes sociales para denunciar un trato irregular —por decir lo menos— de parte de la justicia migratoria.

Estados Unidos se jacta de ser “un país de libertades y de leyes”, que acoge a los migrantes de todo el mundo. Además, que es la patria donde se cumple a cabalidad el espíritu de la civilización occidental. Sin embargo, en el caso de las deportaciones en la era Obama (a quien algunas organizaciones pro-inmigrantes le han puesto el mote de “el deportador en jefe”) ni las leyes ni la acogida al extranjero parecen ser algo más que letra muerta.

En efecto, un estudio de la American Civil Liberties Union (ACLU), reveló que “el 83 por ciento de las personas deportadas de Estados Unidos en 2013 no tuvieron una audiencia judicial ni vieron a un juez de inmigración”. Es decir, que 83 de cada cien inmigrantes que llegaron a la “tierra de la libertad”, muchos de ellos huyendo de las situaciones de violencia y persecución en sus países, ni siquiera gozaron del debido proceso que su causa merecía, ni se supo si los regresaban al matadero en sus países de origen.

Dicho en números de las 438,421 deportaciones que se realizaron durante el año fiscal 2013 (que terminó el pasado 30 de septiembre de 2014), según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el estudio señala que 326,279 de las personas fueron expulsadas mediante “procesos administrativos precipitados en los que el mismo oficial de inmigración que los presidía oficiaba de abogado, juez y carcelero”.

Es decir, que se dejó en 83 por ciento de los casos al policía de aduanas —sin preparación ni sensibilidad alguna— la tarea de examinar a las personas que intentaban llegar a “la tierra de la gran promesa” para (la gran mayoría) encontrar un mejor futuro económico y un empleo mejor remunerado.

El temor que derrumba al silencio

Ciertamente son miles los que diariamente intentan entrar a la Unión Americana, especialmente por la frontera sur, desde México. Pero eso no debería ser obstáculo para que no se efectuaran las deportaciones sumarias a las que han estado acostumbrados a hacer la patrulla fronteriza y los oficiales de inmigración de Estados Unidos.

Por esa razón, las medidas de alivio migratorio propuestas por Obama, tras la derrota del Partido Demócrata en las urnas en las pasadas elecciones intermedias, además de favorecer a cerca de 4.5 millones de inmigrantes sin papeles viviendo ahora en Estados Unidos, también contemplan mayor cantidad de recursos para los jueces migratorios. De acuerdo con el estudio de ACLU, en las deportaciones sumarias —que en las dos administraciones de Barack Obama ya rebasan los dos millones de personas— “los afectados son coaccionados para que firmen formularios que quizá no comprenden y amenazados y mentidos sobre sus derechos, circunstancias bajo las cuales es posible que alguien con derecho a permanecer en el país olvide este derecho”.

El tema ha tomado tintes de “crisis humanitaria” cuando las deportaciones son de niños. El estudio de ACLU refleja que 95 por ciento de los menores mexicanos que llegan a territorio estadounidense sin compañía de un adulto son retornados a México sin ver a un juez, y sólo a uno de once entrevistados “le preguntaron por su temor a regresar a México”.

Ese temor es el que registran las redes sociales. El que derrumba todo el aparato del poder… y del silencio.

Publicado en Revista Siempre!

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