Prosa y poder

publicidadEn el universo que nos movemos el poder actúa en base a promesas falsas. Es visible pero no real. Actúa pero apenas si se le nota. Está dentro de nosotros, como una espiral de acción que impide la reflexión sobre las cosas y sobre sus causas.

La comunicación ha pasado a ser el instrumento más útil en esta desbandada hacia el abismo. En este convencimiento de que nada hay mejor que la humillación y el silencio. Cuando sobrevienen las protestas contra las trasnacionales políticas o económicas, los mecanismos de reacción comunicativa funcionan como maquinaria de relojería, introduciendo la noción de “desperdicio” y de “rebelión contra la buena marcha de la economía mundial” en los aprehensivos lectores, radioescuchas y telespectadores de todos los puntos cardinales de la geografía humana.

Y es más notorio el poder de la publicidad, de la propaganda, de la comunicación de las corporaciones y los estados, cuando se contempla lo que Hans-Georg Gadamer llamaba “el prosaísmo que todo lo nivela”, es decir, la suave verbosidad de los medios de comunicación con respecto a la información y al lenguaje.

En un ensayo clarividente sobre Paul Celan y su modo poético de introducir el ritmo, la lengua, la imagen, la palabra, Gadamer defiende el hermetismo de cierta poesía contemporánea como un rechazo al prosaísmo y “la retórica de masas” introducida por los medios de comunicación; como una reacción casi lógica de los poetas como Celan (Georg Trakl, el Rilke tardío, Stephan George, Gottfried Benn, José Ángel Valente en España…) ante el avasallamiento del lenguaje publicitario, de la promesa engañosa y de la mentira política y más aún él, el judío que escribe en alemán, quien ha encontrado en el lenguaje hermético la única forma de enfrentar la maquinaria despiadada del nazismo que se llevó en los campos de concentración a su queridísima madre…

“Estructuras de resistencia” ante la verba inútil; ante la cháchara interminable de la publicidad y del poder para vencer por cansancio a los ciudadanos, abandonados a su suerte. Tal es la alternativa frente a las investiduras de hoy, arrogantes y extremas. Volver a la ética, a la responsabilidad, a la adecuación entre el producto y el productor, entre el servicio y el sirviente, entre la estructura y la expresión.

Publicado en Revista Siempre!

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