Derek Sanderson Jeter

dereksandersonjeterEl pasado 25 de septiembre los aficionados al beisbol vivimos una jornada alucinante: la despedida del capitán de los Yanquis de Nueva York, el parador corto Derek Sanderson Jeter. Un jugadorazo en toda la extensión de la palabra. Pero, sobre todo, un profesional, y un ser humano con la humildad suficiente como para procurar no acaparar micrófonos, titulares, rutilantes affaires con las mil novias que ha tenido; como para anunciar que se va del beisbol con un año de anticipación.

La enseñanza de Jeter es determinante en medio de un mundo de espectáculo y doblez. Solamente el que se mantiene alejado del reflector es el que es capaz de triunfar en una disciplina determinada. El reflector corrompe al jugador y lo convierte en una estrella de la pantalla, por lo tanto, alguien que debe atender una solicitud distinta a aquello que hace. Y que hace bien.

A la larga, decía Wilde, todo hombre justo termina siendo un fastidio para los demás. En efecto, un individuo como Jeter, que mantuvo en casi 20 años de jugar un promedio de bateo de 277, con tres mil 427 hits, mil 291 carreras producidas, 269 homeruns y mil 913 carreras anotadas, que fue varias veces el más valioso del año, que hasta que se rompió el tobillo estaba ahí, en las paradas cortas de los “bombarderos del Bronx”, no puede caer bien a propios y extraños. Exige demasiado. Está fuera de la mediocridad que da la gracia para ser considerado un personaje de la farándula.

Puede haber tenido muchos errores, pero Jeter se va dejando una estela de admiración incluso entre los rivales más acérrimos de su equipo, los Media Rojas de Boston. No es lo que cuenta la popularidad y el fervor de la masa. Lo que cuenta es la seriedad con la que se toma una disciplina. Y la trasmisión de valores que hacen digna de vivir la vida humana. Derek fundó dos asociaciones filantrópicas para prevenir el consumo de drogas y alcohol entre los niños y los jóvenes de Estados Unidos. Fue grande sin trampas. Con la única grandeza que hace —todavía— al deporte un gran surtidor de sueños.

Publicado en Revista Siempre!

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