Los ganadores

ganadoresPara cualquiera que se adentre en la política nacional es un hecho palmario que los gobernadores gozan de un poder enorme, cuyo único referente es la visita consuetudinaria que les hace el presidente de la República, y a quien le pintan las fachadas y le hacen inaugurar obras inconclusas cada vez que los “honra con su presencia”. Los gobernadores manejan todo, especialmente los medios de comunicación. Hay excepciones, no lo niego. Pero son más bien pocas.

Releyendo la biografía de Gregory Bateson escrita por el antropólogo David Lipset, me topé con el tema que me abrió los ojos sobre la materia de fondo que debería contener este artículo y sobre los hechos esenciales, los que verdaderamente marcan las elecciones de todo México. Elecciones millonarias, con resultados escasos, si por resultados entendemos la construcción de la confianza entre los mexicanos.

En una conversación que sostuvieron en 1976 el entonces gobernador de California, Jerry Brown, y el propio Bateson, ya en la cumbre de su fama como el científico un tanto (un mucho) excéntrico que era, se habló de las relaciones de paternidad entre las sociedades y sus gobernantes. “En Estados Unidos, dijo Bateson, los gobernadores nunca dejan de ser niños”.

El autor de la teoría del “doble vínculo”, que puede explicar también la esquizofrenia política que vivimos en nuestro país, argumentaba con tres razones el por qué los gobernadores eran infantiles:

1. Porque buscan siempre la aprobación paternal del electorado.
2. Porque rigen su conducta prendados, subyugados, temerosos al ¿qué dirán de mí? (las encuestas).
3. Porque actúan frecuentemente con información insuficiente, sesgada, caprichosa, y con un lenguaje que parece preciso, pero que no ha llegado a adquirir claridad conceptual.

Si en Estados Unidos, para Bateson, los gobernadores no dejan de ser niños, para nosotros en México, tampoco. No nada más los gobernadores: los presidentes, los partidos políticos, los institutos electorales, los medios de comunicación, en suma, la democracia entera se nos está quedando infantil, con dientes “de leche”.

¿Qué significa esto? Una democracia chipotuda, donde los gobernadores mandan en sus territorios, el presidente hace como que manda en el país y donde los procesos electorales, eje de la democracia, se vuelven torneos millonarios en los que las cartas están marcadas y en los que los supuestos protagonistas —nosotros— poco tenemos que ver en los resultados finales. Los ganadores son los medios y la carretada de billetes que significa la publicidad, las encuestas, los desmentidos, los ataques, las difamaciones, la guerra sucia y los arreglos subterráneos que ahora, la reforma política quiere hacer causa de anulación de las elecciones si se descubren. ¿Alguien sabe cómo se van a descubrir estos “arreglos”?

Publicado en Revista Siempre!

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