El libro de los valores, de Anselm Grün

En El libro de los valores, el célebre monje benedictino Anselm Grün analiza cerca de 60 «sugerencias del corazón» que pueden llevar a cualquiera hacia una vida buena.  He elegido doce de ellas, en la inteligencia de que pueden ser vividas una por cada mes del año y en la perspectiva de lo que –creo— más hace falta en nuestra sociedad.  He aquí, en orden alfabético, este breviario de sabiduría:

1. Agradecimiento. Solamente es agradecido el que se detiene a pensar en el otro.  Es quien le hace al otro la vida más agradable.  En el origen del agradecer está el reconocimiento del deberse uno mismo a los demás.

2. Conciencia del deber. Dejamos de dar vueltas sobre nosotros mismos y aceptamos el desafío de cuidar de algo, de alguien, de todos. El cumplimiento del deber no es la felicidad, es el camino a la felicidad.

3. Cortesía. Las formas son importantes para una buena convivencia, porque cubren las asperezas de nuestro carácter e impiden hacerle daño a los demás. Es una muestra de la voluntad de permanecer unidos.

4. Decencia. Estriba en detenerse y en esperar, en actuar reposadamente.  Se estima al otro porque se estima uno mismo. Hace del otro una persona, lo aprecia, le permite permanecer en pie, ser íntegro y sincero.

5. Generosidad.  Es el dar rápido, el dar a lo grande, el compartir los bienes sin pensárselo dos veces.  Un corazón amplio, un alma sin avaricia, que se alegra por lo que posee cuando lo comparte con los demás.

6. Humildad. Coraje para servir y valor para aceptar la propia condición terrena, contemplar nuestra debilidad y aceptar nuestra verdad, para poder vivir sin miedo y sin maquillaje por encima de lo que somos.

7. Orden. Es la mitad de la vida. Mediante el orden exterior el ser humano llega al orden interior. Lo interior y lo exterior van de la mano. Tenemos que ordenar las cosas exteriores para que el alma pueda estar en orden.

8. Respeto. Tomar en consideración, tener en cuenta a los otros; no darles la espalda, ser benévolos con ellos. Ponernos de parte de quien me mira, ver en su fondo lo que es y no lo que aparenta. Todos lo merecen.

9. Responsabilidad. No vivimos solos. En todas nuestras decisiones, pensamientos y actos soy responsable de aquellos que me rodean. Cada uno es responsable de todos. Cada uno es responsable, él solo, de todos.

10. Silencio. La palabra es plata, el silencio es oro. El silencio es el principio de la sabiduría. Quien guarda silencio dirige su mirada a lo esencial. Solamente el que tiene algo, mucho qué decir, permanece en silencio.

11. Sinceridad. Cada palabra que se pronuncia lleva la vestidura del corazón del que procede. Nuestro lenguaje nos delata. Las palabras que brotan de nuestro corazón reflejan lo que llevamos dentro.

12. Trabajo. Tres significados: ganarse el pan con el esfuerzo libre que moldea mi vida; servir a los demás seres humanos y aprender a conocernos a nosotros mismos.

No son, ni mucho menos, los valores únicos de la vida buena. Pero ante la crisis generalizada del todo vale, ante la llamada «dictadura del relativismo», es bueno recordar estos viejos conceptos de la sabiduría humana de pronto ocultos por la parafernalia de la comunicación y por los fastos de la pura imagen.

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